Nuestro cuerpo comportándose habla de lo que somos. De nuestro pasado, presente y nuestra actitud ante el futuro. Nuestro andar, nuestra postura, nuestro tono muscular y flexibilidad. Nuestra mirada.
Existen varias terapias que comprenden el cuerpo como indivisible de la mente, de tal manera que ambos son dos expresiones distintas de una misma realidad.
Autores como Reich hablan, al referirse a cuerpo y mente, de energía. La disciplina de este autor, la Vegetoterapia, entiende que la energía tiene diferentes niveles de complejidad. El de la materia es el mas burdo. El de la consciencia, fruto de la complejidad energética del cerebro, es el más sutil. Un concepto muy semejante al de Freud, que hablaba del Eros y el Tanatos, la pulsión de vida y la pulsión de muerte. Reich, sin embargo, afirma que existe una unica energía, no solo humana sino componente de todas las cosas, el Eros u Orgos, y expone a la sexualidad y la creatividad como los dos medios del ser humano para depurar y renovar esta energía.
Por su parte, Alexander Lowen y su Análisis Bioenergético, perteneciente a la Psicología Humanista, a la que también pertenece la terapia Gestalt, y cuyas raíces también se encuentran en el psicoanálisis de Freud y la Vegetoterapia de Reich, propone la introduccción, como este último, del cuerpo en el proceso terapéutico, al darse cuenta de que hablar de los conflictos no siempre era suficiente para resolverlos. Introduce las descargas energéticas en la terapia, así como diversas técnicas respiratorias y de movilización y expresión corporal.
Todas estas disciplinas nos relatan como el ser humano se enfrenta a las experiencias dolorosas -como el rechazo, el abandono, la manipulación, la agresión- y a las situaciones traumáticas con defensas psicológicas como la negación, proyección, evitación, represión, etc, pero también con defensas corporales, como la perdida de sensibilidad y/o del deseo sexual, la tensión muscular, la rigidez, la respiración bloqueada o superficial, las limitaciones de la expresividad, etc.
Una vez estas defensas se cronifican, se vuelven automáticas; alejándose de su origen y de la razón por la que operaron en su momento, se convierten en patrones de la personalidad.
En muchos casos, el estado desarmonizado del ser, tiene expresiones físico-psicológicas que dificultan la vida de la persona, como la ansiedad, las taquicardias, el insomnio…etc, que impulsan a la persona a acudir a un profesional. Sin embargo otras veces los síntomas físicos no dificultan el llevar una vida “normal”, como en el caso de la neurastenia (bajo estado de ánimo o estado de cansancio crónico), por lo que tal vez, por desgracia, esa persona nunca pida ayuda psicológica, al no vivir un estado de urgencia como el de la ansiedad o el pánico, pero sin embargo estos síntomas también afectan de forma letal a la realización de la persona.
Por su parte la Psicomotricidad habla del “tono”. Entiende que en el tono de una persona se expresa el ánimo, la vitalidad, la frustración, etc. El tono desde la psicomotricidad es tanto la actitud postural como el grado de contracción de la musculatura global y parcial del sujeto, en estado de relajación, con o sin movimiento. La Entonía es el estado de armonía de la tensión de los músculos, los cuales se encuentran en grado óptimo para la realización de una actividad. La Paratonía implica una afectación neurológica del tono. La hipertonía implica una contracción demasiado intensa de la musculatura, que suele ir acompañada de rigidez y espasmos. Afectaciones como el Alzheimer o la esquizofrenia paranoide, implican hipertonía. La hipotonía por su parte implica un tono muscular de base demasiado bajo, muy común en Sindrome de Down, depresión, etc. El tono está directamente relacionado con la respiración y el equilibrio. Por ejemplo, la ansiedad suele implicar hipertonía, respiración costal y superficial y alteraciones del equilibrio. Conocer estos parámetros resulta básico a la hora de llevar a cabo una terapia productiva.
En definitiva, muchas disciplinan han luchado, durante este siglo pasado, por incorporar el cuerpo a la terapia, algo que hoy en día es ya una evidencia y una necesidad. No hay una afectación psicológica que no pase por el cuerpo, de tal manera que todo buen psicoterapeuta debe conocer de qué manera el cuerpo somatiza y cura, sin olvidar que cada persona, y por lo tanto cada cuerpo, es un ser genuino y único, digno de realizarse.
Carballo Álvarez, Rocío. (2011).
Psicóloga especialista en Psicoterapia (COP), especialista en Psicomotricidad (EIPS) y doctorada en Neuropsicobiología (UNED).
Gabinete AREpsicologos




