El estrés en el trabajo aparece cuando las exigencias del entorno laboral superan la capacidad de las personas para hacerles frente o mantenerlas bajo
control. No es una enfermedad pero, si se sufre de una forma intensa y continuada, puede provocar problemas de salud física y mental: ansiedad, depresión,
enfermedades cardiacas, gastrointestinales y musculoesqueléticas. Actualmente, el estrés se identifica como uno de los riesgos laborales emergentes más
importantes. Estudios realizados en la Unión Europea sugieren que entre el 50% y el 60% del total de los días laborales perdidos está vinculado al estrés.
Muchos de estos trabajos coinciden en que el estrés se debe a un desajuste entre los individuos y las condiciones de trabajo (inseguridad laboral, tipo de
contratación, horarios, etc.), la tarea (escasez o excesivo trabajo, monotonía, ciclos de trabajo breves o sin sentido, plazos ajustados de entrega, presión en
el tiempo de ejecución, etc.) y la organización de la empresa (ambigüedad en la definición de funciones, poco apoyo en la resolución de problemas,
ausencia de sistemas de comunicación y participación, etc.). Haz este test y averigua si te enfrentas a él de forma correcta: http://www.psicoactiva.com/tests/test.asp?idtest=15
¿Como te enfrentas al estrés? Haz este test online para saber si utilizas las herramientas más adecuadas.
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enfermedades cardiacas, gastrointestinales y musculoesqueléticas. Actualmente, el estrés se identifica como uno de los riesgos laborales emergentes más
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Muchos de estos trabajos coinciden en que el estrés se debe a un desajuste entre los individuos y las condiciones de trabajo (inseguridad laboral, tipo de
contratación, horarios, etc.), la tarea (escasez o excesivo trabajo, monotonía, ciclos de trabajo breves o sin sentido, plazos ajustados de entrega, presión en
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http://www.grupocrece.es/
Los trastornos de ansiedad en la juventud podrían provocar el desarrollo de enfermedades cardíacas al llegar a la mediana edad.
FUENTE: JOURNAL OF THE AMERICAN COLLEGE OF CARDIOLOGY. 2010 JUN;56(1):31 – 37.
[noticias] [28/6/2010]
Resumen
Los hombres jóvenes con trastornos de ansiedad tendrían más probabilidad de desarrollar enfermedad cardiaca en la mediana edad. Los resultados, publicados en ‘Journal of the American College of Cardiology’, se suman a las pruebas de que la ansiedad está relacionada con un aumento del riesgo cardíaco.
El equipo de Imre Janszky, del Instituto Karolinska, en Estocolmo, analizó datos de 49.321 hombres evaluados para ingresar al servicio militar en 1969 y 1970. A 646 de ellos se les diagnosticó depresión y a 162, trastorno de ansiedad. En los siguientes 37 años, 1.894 hombres fueron hospitalizados o murieron por enfermedad coronaria.
Se pudo comprobar como los hombres que habían tenido un trastorno de ansiedad en la juventud tenían más riesgo de desarrollar enfermedad cardiaca, factor que no ocurrió con la depresión. En concreto, los trastornos de ansiedad se mantuvieron asociados con dos veces más riesgo de desarrollar enfermedad cardíaca. El resultado sorprendió, ya que muchos estudios habían asociado la depresión con un aumento del riesgo de desarrollar enfermedad cardíaca y un peor pronóstico en esas personas.
Esta relación entre la ansiedad y la enfermedad cardíaca no se pudo explicar mediante otros factores considerados, como la presión, el peso, el ejercicio y los antecedentes familiares de enfermedad cardiaca. Se desconoce si el trastorno en sí es el responsable, o existirían factores subyacentes que elevan el riesgo de desarrollar ansiedad y problemas cardíacos. Otros estudios recientes sugirieron que las personas con esos desórdenes deberían tomar medidas para prevenir o controlar los factores de riesgo cardíaco más importantes, indicó el doctor Joel E. Dimsdale, de la University of California, en San Diego.
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El misterio de las Neuronas Espejo – Documental de Redes: Mentes conectadas sin brujería.
Desde cómo aprendemos a hablar, a escribir o a conducir, hasta por qué se revuelve nuestro interior cuando vemos el sufrimiento de otra persona… siempre están detrás las neuronas espejo, uno de los grandes descubrimientos de las últimas dos décadas. Podríamos verlas como una red invisible que une a todos los seres humanos entre ellos y con sus predecesores, al permitir la conexión entre las mentes y la transmisión de conocimiento y cultura mediante el aprendizaje. Junto al neurocientífico Marco Iacoboni, de la Universidad de California, Eduardo Punset repasará los fantásticos poderes de las neuronas espejo.
Mentes conectadas sin Brujería (Redes 56)
El arte de elegir es el arte de renunciar
¿Somos más libres por tener más donde elegir… o más bien nos ahogamos en el océano de posibilidades que tenemos a nuestro alcance? El psicólogo Barry Schwartz da en Redes algunos consejos para no sucumbir a la perpetua insatisfacción que nos persigue en la sociedad moderna marcada por la abundancia. Interesantísimo programa en el siguiente enlace:
http://www.redesparalaciencia.com/2118/redes/2010/redes-52-por-que-mas-es-menos
“La Angustia, el Miedo y la Esperanza”
Publicado en 05 January 2010. Por Emiliano Galende.
En los últimos años un cambio significativo se observa en las consultas en los servicios de salud mental. Para algunos profesionales, adheridos demasiado ingenuamente a los postulados nosográficos de su disciplina, se trata de “nuevas patologías”; para otros, más adheridos a los intereses de la industria de los medicamentos, se trata de nuevas entidades clínicas que el “avance de la investigación farmacológica” ha descubierto. Para quienes tratamos de comprender estos modos del sufrimiento mental desde un psicoanálisis crítico y las experiencias comunitarias de salud mental, se nos plantea el interrogante de qué tienen en común estos trastornos, qué relación guardan con el contexto cultural, social, y, dada su frecuencia, qué expresan de los modos de la vida social actual. Muchas de estas personas consultan por estados continuos de ansiedad que perturban sus días y sus noches, ponen énfasis en situaciones persecutorias en sus empleos, en incertidumbres e inseguridad en sus relaciones de pareja, en vicisitudes de adaptación por migraciones impuestas o voluntarias (“trastornos de ansiedad”, dice el nomenclador); otras demandan atención por crisis repetidas de angustia que los sorprenden y alteran el transcurrir de sus tareas, sus salidas a la calle (y al mundo), obligándoles a resguardarse, cuando lo tienen, en la seguridad de sus relaciones cercanas y familiares (“ataque de pánico”, dice esta vez el nomenclador); otras llegan a la consulta agobiadas con su vida, con un dolor que no se reduce a algún conflicto identificado, su astenia durante el día, que hace penoso cada tarea o movimiento, se prolonga en noches de insomnio (“depresiones reactivas”, dice en este caso el nomenclador, nueva amenaza epidemiológica dice la OMS dada la magnitud de su incidencia en la población); otras padecen una suerte de extrañamiento del ámbito en que se desarrolla su vida, tienen dificultades para hilvanar su pensamiento, su mundo afectivo y mental es disperso y les dificulta entender y narrar su padecimiento (“trastornos de personalidad”, “border line” en algunos casos, cabría diagnosticar). A esta lista incompleta, sólo indicativa de lo que quiero tratar, se agregan las victimas de violencia familiar (entre 20 y 30 % de las consultas en servicios de salud y salud mental), los que consumen drogas, nueva población expuesta a un nuevo encierro semejante al sufrido en los manicomios; los que necesitan del alcohol para soportar una vida a la cual ya no dominan (el mayor problema, de lejos, de las adicciones actuales). Como un amigo suele decir, cuando alguien llora necesita un pañuelo para su sufrimiento, y hay siempre un fabricante de pañuelos que se alegra de este sufrimiento. Esto ocurre también en lo que nos ocupa, en este caso la industria de psicofármacos en la parte legal del consumo, y la de los narcotraficantes, en la ilegal, son altamente beneficiados por estos nuevos dolores del alma. Si escuchamos bien a estas personas descubrimos siempre una ausencia de proyecto, una amenaza al futuro, un riesgo en el presente, una incertidumbre sobre el devenir de sus relaciones de empleo, de pareja, de residencia, de su economía. Vale entonces ocuparnos de las dos pasiones ligadas al futuro, el miedo y la esperanza, para entender su presencia actual en la vida de todos, o mejor dicho, de casi todos.
Nos son conocidas aquellas pasiones que ligan al hombre con su pasado: el resentimiento, la nostalgia, el rencor, que explican en quienes lo padecen sus dificultades con el presente. Se trata de pasiones diferentes a las que provienen del presente, cuya inmediata certeza nos produce tristeza, dolor, alegría, odio, amor o placer. Siendo tan presentes en nuestra vida no se reconoce tanto a las pasiones que nos dominan sobre el incierto futuro: el miedo y la esperanza. El miedo es esa angustia provocada por algo incierto o amenazante, algo extraño que puede alterar nuestro presente ya que parece anunciar un mal inevitable. Siempre subyace al miedo la amenaza de la aniquilación y de la muerte. En oposición, la esperanza consiste en esa alegría o placer de imaginar sobre lo incierto del futuro el anhelo de algo mejor al presente, tiene siempre un sentido de promesa, y respecto de la vida y su finitud, un sentido de salvación. Ambas, miedo y esperanza, son resistentes a la voluntad o a los argumentos de la razón, por lo mismo suelen ser incontrolables para el hombre. Esto mismo hace que sean pasiones contagiosas, pasan fácilmente de un individuo a otro, y constituyen el afecto principal que liga a los grupos y a las masas. Por lo mismo se oponen siempre a la calma del sabio, basada en la reflexión, en la serenidad de la razón individual.
Tanto el miedo como la esperanza debilitan la experiencia del presente, y también el ánimo y la pasión por lo actual, tienden a expulsar al individuo de su experiencia y de su acción sobre sus semejantes. Por eso el miedo es desde siempre un eje de la política y la esperanza es un dominio de las religiones. El hecho de que son comunes a todos los hombres, presentándose como amenazas o promesas que afectan la vida de cada uno, contribuyen a orientar las voluntades, de manera constructiva en la esperanza y de manera sediciosa, amenazante, en el miedo. La filosofía clásica ya conocía el papel eminentemente político del miedo, y en menor medida de la esperanza, poniendo en evidencia los mecanismos de la práctica cotidiana de gobierno y de la psicología de las multitudes, y es Maquiavelo quien ejemplarmente nos muestra cómo es el príncipe quien debe saber producir y dirigir estas pasiones. El miedo y la esperanza dominan el cuerpo, la mente y la imaginación de los individuos, dejándolos a merced de la incertidumbre y volviéndolos por esto dispuestos a la renuncia y a la pasividad en su presente. Spinoza en su Tratado Teológico Político, alertaba sobre la necesidad de combatir el miedo en cuanto pasión hostil a la razón, y a la esperanza, que representa una fuga del mundo actual, medios para obtener la resignación y la obediencia. En la misma Ética señala que se debe resistir la promesa de la religión de “un mas allá” de la muerte cuyo fin es solamente justificar la resignación y la obediencia al presente. La libertad del hombre, su capacidad activa de elegir y decidir sobre su realidad, depende de su resistencia al miedo y de su rechazo a la promesa de la esperanza. En el Segundo Fausto, Goethe dice “Entre los mayores enemigos de los hombres, dos, Miedo y Esperanza, en cadenas de consorcio civil yo los segrego”. En una perspectiva opuesta, Hobbes , postula que el gobierno y la razón de Estado necesitan del miedo de las masas para evitar la recaída en el infierno social de la violencia y del estado de naturaleza (el “hombre lobo del hombre”, su conocida formula), tiene claro que los hombres aspiran a su libertad de todo poder y especialmente de la razón de Estado. El miedo es un instrumento de la política. En el extremo del pánico el miedo se muestra como el gran desorganizador del grupo o la masa, frente a él cada individuo asume por sí mismo su supervivencia. Esta claro que el futuro de la sociedad, y más aun, el futuro de cada individuo es la esencia de la política, por lo mismo sobre ella como constructora del futuro se juegan siempre las amenazas o las promesas. De Maquiavelo en adelante ningún político se abstiene del uso político del miedo y la esperanza, como ejemplos actuales: el uso de la amenaza del futuro sobre el cual se propone la aceptación del presente (flexibilización laboral o riesgo de desocupación), o la esperanza de salvación si acepta resignar las necesidades del presente (bajar los salarios porque hay crisis, callar la protesta para asegurar la paz).
Pero el valor de la esperanza no es solo patrimonio de las religiones. También lo es de quienes tenemos el sueño de la igualdad. La esperanza de un futuro mejor, diferente al presente, genera solidaridad, unión bajo el sentimiento activo de que es posible actuar sobre la realidad actual. La igualdad ha sido el sueño de todas las revoluciones, tiene el sentido de una ilusión, de imaginar otra realidad posible y de buscar lograrla activamente. Esta ilusión, cercana a la utopía, es un llamado a la solidaridad para transformar el presente ahora, es decir comprender lo actual para proyectar en conjunto un futuro diferente. Opuesto a la utilización de la religión como propuesta de “un mas allá” en el que todos seremos merecedores del cielo y la paz, iguales ante Dios, separados de “los malos” que sufrirán el destino del infierno. “Justicia divina”, invocada con frecuencia por quienes no pueden borrar su maldad en el presente, esta sí ilusoria, opuesta al sueño de la igualdad. Este sueño convoca a vencer el miedo y a la angustia por igual a través de la voluntad de actuar contra una realidad que oprime. Se trata de pasar del estado de muchedumbre, compuesta por individuos aislados, al grupo solidario que actúa enfrentando el miedo para construir un futuro diferente. Por eso la solidaridad es política activa, es la esperanza puesta en el valor del hombre para construir su futuro. Freud, criticando las ideas de Le Bon señalaba cómo el padre interviene en el lazo social, prolongado en la función del líder o jefe como aglutinador, el que provocando la unión solidaria de los hermanos vence al terror. Vale recordar aquí a Montesquieu : “Los regimenes despóticos producen individuos completamente separados entre sí, o, lo que es lo mismo, mantenidos juntos por la fuerza repulsiva de pasiones que los aíslan (la avaricia, la competencia, el deseo de sobrevivir a los otros) impidiendo toda confianza y solidaridad reciprocas, desagregando a los ciudadanos a súbditos y generando así la mas completa, fatalista y vil, pasividad política, apenas interrumpida por alguna esporádica, rabiosa y fugaz llamarada de rebelión…..De una manera distinta del terror, o miedo, la virtud republicana (diferente de la moral y de la cristiandad) exige una transparencia absoluta de las relaciones entre los ciudadanos, su incansable actividad en la esfera publica, y, sobre todo, un relevante amor a la igualdad, tanto de los derechos como de los bienes”. En oposición a esto, Maquiavelo se preguntaba si la sola dimensión laica, sin miedo y sin esperanza, puede sostener la política y la vida de los Estados.
Hace muy poco una ex monja, Karen Armstrong , nos sorprendió con un estudio sobre los tres fundamentalismos que dominan nuestro mundo actual. En el visualizamos la expresión clara del retorno del miedo y la esperanza como política para aglutinar, masificar, configurando una realidad paralizante. El sueño de la igualdad tiende a opacarse en nuestro mundo. Este requiere de la esperanza en la solidaridad, no es unirnos para el mito o el culto, sino para la acción de transformar la realidad. En esto es esencial comprender la actualidad, es decir ejercer una razón crítica sobre el presente. Sólo este comprender crítico hace posible que la acción de los hombres no este guiada por el miedo ni por la promesa mítica de un “mas allá”, sino guiada por la razón y el deseo de transformar o construir la realidad. Como en todo acto humano la intención, que surge del comprender, de actuar sobre la realidad; la voluntad, el empeño fraterno y solidario de hacer con los otros; es lo que da como resultado un cambio de los actores y del poder de decidir sobre la existencia de cada uno y del conjunto.
En un articulo reciente John Berger señala que un informe elaborado en el año 2007 por la oficina de estadísticas de Justicia de EEUU revela que 1 de cada 136 habitantes de ese país esta detenido en cárceles o Institutos penitenciarios. Cuatro millones en total. El miedo es también global, responde a diversos motivos. Para Berger “A lo largo y ancho del planeta vivimos en una prisión”. La prensa nos informa que 15 millones de mexicanos viven escondidos en EEUU, a pesar del muro que impide su ingreso, de 1.200 Km. de largo y 1.800 torres de observación con policías armados. La ONU cuenta 200 millones de refugiados en el mundo, escapando de guerras y pobrezas extremas. Cerca nuestro observamos un mundo de barrios cerrados, villas miserias, favelas, nuevos ghetos. Los que allí se alojan son en cierto modo compañeros de prisión. Claro que es visible que hay apartados, excluidos de la sociedad, que están en esa situación de presos a la fuerza, custodiados como criminales, pero están también quienes buscan voluntariamente estar custodiados por su anhelo de seguridad y protección en barrios cerrados, “edificios con seguridad”, club de campo, etc. Al lado están los que no tienen opción, refugiados políticos (tres generaciones nacidas en campos de palestinos consecuencia de la expansión del Estado de Israel), villas miserias, ghetos urbanos como las favelas, también custodiados porque se los considera peligrosos o posibles criminales (droga, robos, etc.). Poblaciones anónimas e incalculables producto de guerras locales, de pobreza extrema, de políticas de exclusión. Pero podemos sumar a los que viven encerrados en sus empleos por horarios que no dominan (por ej., la flexibilización laboral y la extensión horaria aprobada por el Parlamento Europeo). A todos el miedo los convierte en presos: por amenaza del desempleo, por la violencia, por el hambre, por la emigración, por la ilusión de la seguridad. El mundo actual esta compuesto por productores, consumidores y excluidos. Como los criminales presos, quienes estamos presos en este mundo global amenazante nunca aceptamos este presente como definitivo, la mayor parte mantiene su anhelo de libertad, de poder elegir y decidir, pero no ignoramos que muchos, por diversas debilidades y desventajas sociales, son victimas personales del pánico y la angustia crónica. Este mundo del miedo no es natural ni espontáneo. Por vía del consumismo, que necesita de una cultura del individualismo, se trata de mantenernos aislados, como en las cárceles se mantiene a los presos en celdas individuales, para evitar que la idea de un futuro en común nos pueda volcar juntos a la resistencia. Esto no es espontáneo, la globalización económica impuso aislarnos del territorio (migraciones masivas), de la vida en común (competencia y desconfianza), de la historia compartida, y especialmente por las políticas mediáticas, de evitar que imaginemos un futuro o un proyecto en común. Este encierro masivo hace que la vida urbana se acerque a la de la cárcel o el manicomio: conflictos y lucha entre vecinos o antiguos compañeros, pobres atacando a otros pobres, desempleados luchando contra empleados, especialmente si son inmigrantes, aun en la pareja amorosa desconfianza y cuidado de no comprometer bienes y futuro. Si prestamos atención veremos cómo los medios a través de mensajes incluidos en aparentes noticias, nos dicen que la vida es insegura, insisten con lo incierto de la economía, los riesgos de epidemias, crisis energética, catástrofes naturales, amenazas del futuro cuyo contenido ficcional se oculta. Lo eficaz es generar el miedo y lograr su capacidad de mantenernos aislados. No olvidemos al respecto que el miedo es la pasión que más fácilmente se erotiza, esta cualidad hace que se potencie y se contagie entre los individuos. Estas operaciones mediáticas son exitosas, mantienen su eficacia haciéndonos creer que la prioridad para cada uno de nosotros es tomar medidas destinadas a nuestra seguridad personal, nos convence de que nuestra situación de riesgo y amenazas del futuro depende lo que podamos hacer cada uno, no del destino en común.
Debemos reconocer en estos pocos ejemplos que el miedo esta instalado en nuestras sociedades, los políticos lo utilizarán luego según la ética de cada uno. La esperanza, cu correlato opuesto, avanza al mismo ritmo. Recrudecen en el mundo los fundamentalismos religiosos, de todas las religiones, pero en esta versión moderna con una violencia inesperada: el judaísmo que en su historia no contaba la violencia y la dominación de otros pueblos; el islamismo, religión de la paz, se expresa en auto inmolaciones y terrorismo; el cristianismo, especialmente en sus variantes evangélicas, sosteniendo las nuevas guerras de la dominación económica (el caso de EEUU y el Partido Republicano en la era Busch).
¿Será posible preservar lo humano, la solidaridad, la libertad, la justicia, el anhelo de construir un futuro común, por fuera de las amenazas políticas y de las promesas religiosas que nos rodean? Vale recordar a Merleau Ponty, cuando en la posguerra escribía: “Una sociedad no es el templo de los valores-ídolos que figuran al frente de sus monumentos o en sus textos constitucionales; una sociedad vale lo que valen en ella las relaciones del hombre con el hombre….Para conocer y juzgar una sociedad es preciso llegar hasta su sustancia profunda, el lazo humano del cual esta hecha y que depende sin duda de las relaciones jurídicas, pero también de las formas del trabajo, de la manera de amar, de vivir y de morir” No es posible en los limites de este escrito profundizar en estas dimensiones, pero trato de alertar sobre esta situación que esquematizo sobre el miedo y la esperanza en nuestro tiempo, que esta en el centro de gran parte de los sufrimientos mentales que atendemos. Hubo tiempos en que dominó la nostalgia, como en el Siglo XIX lo expresó el Romanticismo, Freud, no del todo ajeno a este movimiento, nos enseño a reconocer las pasiones que sujetan al hombre a su pasado y dificultan su presente, sólo tangencialmente aludió al miedo y critico la esperanza como ilusión religiosa. A nosotros nos toca hoy comprender las pasiones ligadas al futuro, éstas, como miedo o pánico, afectan y condicionan el presente de muchos, especialmente de aquellos que, refugiados en el individualismo, no logran comprender las razones de sus malestares. Un nuevo recrudecer del objetivismo, esta vez por vía del consumo y el mercado, lleva a que el otro, cualquier otro, pueda devenir y ser tratado como un objeto más, el individualismo ayuda a que cada uno sólo valga por su uso. ¿No es motivo suficiente, con la dimensión de estar sustraído de la conciencia, para explicar mucho de la angustia actual como padecimiento dominante?.
Interesantísima entrevista a un reputado físico sobre qué nos depara el futuro. ¿Te parece una previsión magnífica o desoladora? ¿Te parece ética?
ENTREVISTA: ENTREVISTA Michio Kaku
“Con un parpadeo nos conectaremos a Internet”
LUIS M. ARIZA 06/06/2010
Viajar en el tiempo, ser invisibles, teletransportarse, cultivar órganos, conectar la mente a Internet. El futuro ya está aquí, de la mano de este famoso físico y divulgador científico.
Hace 63 años, el Valle del Silicio, en la ciudad californiana de San José, donde nació Michio Kaku, estaba repleto de campos de trigo y manzanos. La brisa del futuro acarició aquellas espigas y ahora reinan los chips y los semiconductores. Kaku, un reputado físico interesado por las verdades fundamentales del universo -es uno de los fundadores de la “teoría de supercuerdas”, que trata de unificar todas las fuerzas y partículas en una única y elegante explicación- vaticina cambios asombrosos. El Valle del Silicio quedará obsoleto en 10 o 20 años. Los países que cultiven la mecánica cuántica disfrutarán de sus propios Shangri-la tecnológicos y una prosperidad de billones de dólares, ordenadores cuánticos que usan átomos para computar a una velocidad inimaginable, superconductores que abanderarán una segunda revolución industrial. Nos fundiremos con Internet. Nos enamoraremos de los robots. Y lograremos teletransportar cosas o fabricar una capa que nos haga invisibles. Éste es el futuro que imagina este científico de origen japonés. “Me encantaban los escritores que estrujaban la imaginación de forma consistente con las leyes de la física, como Isaac Asimov. Decía: no hablemos de lo que va a suceder en los próximos 20 o 30 años, sino de lo que ocurrirá dentro de 10.000. Yo era un chico cuando lo conocí y me quedé estupefacto. ¡Parecía un comediante! Le encantaba dar charlas en las cenas y siempre tenía historias que contar”. Kaku habla animadamente durante horas. Su cabello largo y plateado le confiere un cierto aspecto místico, el de un oráculo que no teme las críticas de los cínicos o pesimistas.
Y recuerda el momento en el que comenzó su futuro. “Einstein murió cuando yo tenía ocho años. Y fue asunto de primera plana en todos los periódicos. El más grande científico de nuestra era ha fallecido. No se ha vuelto a dar una publicidad tan tremenda por la muerte de un científico. En las noticias aparecía una foto de su mesa de trabajo. El manuscrito inacabado de su trabajo más glorioso (la teoría del campo unificado, el sueño acuñado por Einstein para unificar todas las fuerzas en una). Y me pregunté: ¿por qué no lo terminó? Durante años fui a la biblioteca y no encontré nada sobre el campo unificado. Ahora conozco exactamente dónde Einstein se quedó atascado”. Esa frustración infantil le atrajo hacia la divulgación.
Durante el bachillerato, Kaku se dedicó a construir un colisionador de partículas atómicas de 226 kilos en el garaje de su casa, capaz de crear un campo magnético 20.000 veces más potente que el de una persona, lo que llamó la atención de Edward Teller, el padre de la bomba de hidrógeno, quien le consiguió una beca para la Universidad de Harvard. Mucho más tarde se supo que Teller pretendía reclutar a los genios más precoces para que trabajasen en la construcción de armas nucleares, en laboratorios como Livermore o Los Álamos. “No tenía ni idea”, confiesa Kaku. “Por aquel entonces tenía 17 años, y Teller buscaba a gente que quisiera trabajar en el uranio”.
Las armas nucleares no han cambiado el mundo. Ha sido Internet. Kaku acudió recientemente a Barcelona al BDigital Global Congress 2010, invitado por el Centro Tecnológico Barcelona Digital. Decido mostrarle algunos libros sobre el futuro que dibujaron algunos visionarios de principios del siglo XX: ciudades superpobladas, descongestionadas y limpias; gente feliz con artilugios voladores, rascacielos unidos por puentes aéreos, trenes tubulares. Y, por supuesto, robots parlantes.
¿Qué le sugieren estas imágenes?
Son predicciones de los años cuarenta y cincuenta realmente fantásticas, coches volantes, o vacaciones en Venus, propuestas por escritores de ciencia ficción, pero no se convirtieron en realidad. No eran físicos, químicos ni matemáticos. ¿Por qué ahora no tenemos mochilas voladoras? En realidad sí las hay, pero el combustible, peróxido de hidrógeno, se agota muy rápidamente, en minutos, y no son prácticas. Pero a los escritores les gusta extrapolar. ¿Coches volantes? Ya los tenemos. En un programa de Discovery Channel mostramos uno con dos rotores en los bajos, que despega verticalmente y vuela como un helicóptero. Pero cuesta unos cuantos centenares de miles de dólares. Las predicciones estaban hechas por escritores de ciencia ficción, no por científicos.
Pero usted también escribe sobre el futuro.
He entrevistado a 300 de los mejores científicos sobre el futuro. En mis obras, cada afirmación está contrastada por un experto que trabaja en la tecnología en cuestión. Desde luego, puedo cometer errores. Las predicciones pueden sonar fantásticas. Pero ya hay prototipos en cada caso. Esa es la diferencia.
De acuerdo. Pero hay escritores que anticiparon viajes en el tiempo, como H. G. Wells, algo que hoy la física no rechaza de plano. ¿No le inspiran?
Arthur Clarke, en su libro 2001, habló sobre la época en la que los robots nos hablarían de forma rutinaria, pilotando naves espaciales, cuando tuviéramos una base lunar. Se adelantó cien años. En 2100 tendremos estas tecnologías. Pero Clarke entrevistó a científicos. En mi caso, no soy un escritor de ciencia ficción, sino un físico. Y los físicos creemos que el viaje en el tiempo podría ser posible. Hay una rendija en las ecuaciones de Einstein, de la que él era consciente. El tiempo es como un río que fluye más velozmente o más despacio. Pero Einstein no sabía que pueden existir remolinos en este río temporal, que pueden hacer que se divida en dos. Aunque el viaje en el tiempo resulte impracticable ahora, es una posibilidad. Si dispusieras de una energía fantástica como la de un agujero negro o una estrella que explota, quizá podrías anudar este río, algo al alcance de una civilización extraterrestre millones de años más avanzada que la nuestra. Suelo decirles a mis amigos que si alguien alguna vez llama a su puerta y le dice que es su ta-ta-ta-ta-ta-ta-tataranieto, no convendría darle un portazo sin más.
¿Hasta qué punto resulta arriesgado hacer predicciones?
Su teléfono móvil tiene más poder de computación que toda la NASA de los años sesenta que logró colocar a un hombre en la Luna. Como físicos, sabemos el ritmo al que evolucionan los ordenadores. Por eso podemos adentrarnos 15 o 20 años en el futuro. En 2020, los chips costarán un penique. Lo que significa que el poder de computación será invisible, estará en todas partes y en ningún lugar, como la electricidad, el papel, el agua. Tendremos ordenadores dentro de nosotros, en nuestra ropa, en las paredes
¿Qué sucederá con Internet?
Estará en todas partes, incluidas tus lentes de contacto. Cualquier cosa que veas será Internet. Con un parpadeo, puedes conectarte en línea. Si eres un estudiante universitario y tienes que hacer un examen final, en vez de memorizar todos los hechos y gráficos, simplemente parpadearás. Lo que significa que nosotros, los profesores, tendremos que diseñar mejores exámenes que no se basen en la memorización. Si te encuentras con alguien que no sepa inglés o español, tus gafas o tus lentillas te traducirán lo que diga, en forma de subtítulos. En los últimos diez años ya tenemos máquinas electrónicas de dictado a las que hablas y escriben con un 95% de eficacia.
Las traducciones automáticas dejan mucho que desear.
Google las está mejorando, ya que dispone de un nuevo algoritmo. El viejo trabajaba palabra por palabra. El nuevo compara la frase con las almacenadas de ese estilo, y automáticamente elimina interpretaciones estúpidas o fantásticas. Es mucho más sofisticado. No digo que no se cometerán errores. Pero un turista podrá ir a cualquier ciudad y manejarse en cualquier idioma en una emergencia. Sus lentes de contacto le proporcionarán subtítulos. Y si visitas Roma, podrás recrear las ruinas con tus gafas, mientras caminas por el Coliseo romano, por ejemplo. El fenómeno se llama realidad aumentada. Es una realidad computarizada que se superpone a la que vemos. Si eres un arquitecto, tus gafas recrearán en tres dimensiones el diseño que has creado para una habitación mientras caminas por ella.
Los coches actuales ya disponen de cámaras.
En el futuro circularán por sí solos. Conduje uno para un programa de la BBC con sistema de navegación por satélite. Tenía un poder de computación de diez portátiles.
¿Tuvo miedo?
[Risas]. No, porque era una carretera reservada, y tenía GPS. La precisión del GPS era de casi un metro. Claro que no es un coche urbano, sino para viajes largos. Pero de forma eventual, estos coches mejorarán para adaptarse a las ciudades. En el futuro, tus gafas te proporcionarán mapas por si te pierdes. A cualquier lugar que vayas, serás capaz de ver a través de los objetos.
Internet hoy es un caos de información. ¿Cómo decidir cuál es la correcta, la información buena?
Eche un vistazo a los periódicos. Muchos tienen problemas, incluso los grandes como The New York Times. ¿Por qué? Internet ofrece información gratis. Pero también hay una gran cantidad de ruido. ¿Cómo van a sobrevivir los medios de comunicación en el futuro? Tienen que proporcionar un producto llamado criterio. Es algo que no pueden ofrecer los idiotas. En el futuro consultarás las noticias en tu reloj de pulsera. Pero si quieres saber algo con detalle, fuera de la influencia de los excéntricos y chiflados, necesitas confiar en alguien. Si quieres operarte o entrar en una universidad, necesitas información real. Por tanto, el criterio es lo que muchos medios de comunicación tendrán que ofrecer. En este futuro, los perdedores serán los intermediarios. Un agente de Bolsa no va a ganar dinero sólo haciendo operaciones. Todo el mundo podrá hacerlas en el mercado y casi gratis. Para ganarte la vida, tendrás que ofrecer criterio. Explicarás a tu cliente: tengo 50 analistas trabajando para mí, entienden este mercado, este otro, así que si inviertes conmigo, tengo a 50 detrás. Hoy puedes comprar una casa en Manhattan a través de Internet, de principio a fin. ¿Quién necesita un agente inmobiliario? Si quieres saber dónde están los buenos colegios, si el sistema sanitario es bueno, el índice de criminalidad, tienes que hablar con alguien, y ese será un buen agente. El intermediario tiene los días contados, a menos que ofrezca experiencia, criterio y talento.
¿No nos hace la tecnología más dependientes, y vulnerables?
Sin tecnología seríamos como los hombres de las cavernas. La esperanza de vida del Homo sapiens durante la mayor parte de su existencia era de entre 18 y 20 años. La gente tenía hijos y moría. En los libros de historia, los grandes políticos morían a los 30 y 40 por cualquier enfermedad. Un mundo sin tecnología representa un sufrimiento interminable.
¿Y menos felices?
La tecnología es una espada que puede ayudarte a combatir la ignorancia, el sufrimiento, la pobreza o la enfermedad. O te corta. Eche un vistazo a la Segunda Guerra Mundial: gases venenosos, matanzas en masa, la bomba atómica, bombardeos masivos. El grado de devastación fue tremendo. Y examine el nivel actual de prosperidad. Es impresionante. Las tropas no pueden cometer atrocidades ahora tan fácilmente. En los libros de historia, me pongo a llorar cuando leo una masacre de 100.000 personas reducida a una nota a pie de página. ¿Puede imaginárselo? Es algo que no resulta fácil hacer hoy día. Casi todo el mundo tiene un teléfono móvil, una cámara de televisión o está conectado. Para los dictadores es más difícil cometer atrocidades ahora.
Kaku viaja de vez en cuando a Japón. En sus documentales se deja servir el almuerzo por el robot Asimo, de la compañía Honda, y le gusta acariciar los peluches electrónicos que encantan a los niños japoneses. “En la religión shinto [sintoísmo] hay un espíritu en cada objeto, en una silla, una mesa. En Japón, los robots resultan simpáticos, son aceptados de inmediato. Hay un espíritu dentro de cada uno, y los niños los adoran. En Occidente tenemos a Terminator, todas estas películas en las que los robots destruyen todo”. En Japón hay una convergencia entre creencias y tecnología muy singular.
¿Cómo imagina el futuro de los robots en Japón?
Japón tiene una población cada vez más envejecida. Las mujeres japonesas constituyen el grupo demográfico más viejo de todo el planeta. La natalidad es cada vez más baja, 1,2 niños por familia. Y hay muy poca inmigración. ¿Cómo lo va a afrontar Japón? Mediante los robots. Allí se fabrican los más avanzados del mundo. El 30% de todos los robots industriales del planeta se encuentra en Japón. Asimo es un robot enfermera. El envejecimiento, la baja natalidad y la falta de inmigrantes, todo tiene que ver. En Estados Unidos es justo lo contrario. Mucha inmigración, adopción Está al otro lado del espectro.
A pesar de todo, ¿no cree que la tecnología nos deshumaniza, es impersonal?
Cuando se inventó el teléfono, hubo gente que pensó que se trataba de algo diabólico. Hablabas con una voz separada de un cuerpo, que flotaba en el éter, no hay nadie… Y la gente exclamaba: ¡Esto es horrible! En vez de conversar con una persona en la mesa a la hora de la cena, hablabas con una voz sin dueño. Cuando se inventó la electricidad, los escépticos dijeron: ¡Cuidado! ¡Te matará! ¡La gente se electrocutará en el salón! ¡Se incendiarán casas! Acertaron. Cada día alguien muere por culpa de la electricidad, hay una casa que se quema, alguien se electrocuta. Pero adoramos la electricidad; un mundo sin ella es volver a las cavernas. La tecnología nos encanta.
Usted ha comentado que una de las revoluciones vendrá de la mano de la biomedicina, la ingeniería genética del ADN.
Mi hija va a doctorarse en Medicina el año que viene, y creo que la medicina va a dar un vuelco espectacular. Ella está trabajando con sensores cerebrales. La telepatía parece imposible, pero ya tenemos un prototipo que nos permite colocar un chip en el cerebro, se llama BrainGate. Podemos enganchar este chip a un ordenador para jugar a videojuegos, resolver crucigramas, escribir correos electrónicos y mandarlos, simplemente mediante el pensamiento. En Japón ya hablan seriamente de fotografiar los sueños. Hoy es imposible. Pero investigadores de la Universidad de Kioto han descubierto que la imagen que genera el cerebro se hace píxel a píxel. Si los juntas, construyen una imagen.
Imagine una consulta al médico dentro de mucho, mucho tiempo.
Ir al médico puede ser costoso. Así que en el futuro hablaremos a una pared. Surgirá una imagen, un doctor robotizado de un programa informático. Te pregunta y te pide un escáner de resonancia magnética. Hoy estas máquinas ocupan una habitación. El más pequeño tiene el tamaño de una persona. En el futuro, el escáner cabrá en un teléfono celular. El doctor te pedirá que te hagas un escáner con el teléfono. La información fluirá hacia Internet, será interpretada, y el doctor comentará: tiene usted un cáncer; vaya al baño y eche el aliento al espejo. El cristal tendrá un sensor de ADN, y detectará el gen PTP3, involucrado en el 50% de los tipos de cáncer. Hoy día podemos cultivar, a partir de nuestras propias células, piel, hueso, sangre, cartílagos, incluso una nariz, orejas, células cardiacas, vasos sanguíneos, vesícula o una tráquea. En cinco años podríamos cultivar un hígado o un páncreas. Quizá en 20 años consigamos cultivar cualquier órgano excepto el cerebro. Pero incluso en este caso, quizá logremos cultivar tejido cerebral para inyectarlo en nuestro propio cerebro.Kaku clasifica nuestra civilización como de tipo 0, dependiente del carbón y el petróleo, en tránsito hacia una planetaria, de tipo I. Cada persona ha dispuesto de un quinto de caballo de potencia gracias a sus músculos. Con la máquina de vapor se dio el gran salto: decenas de caballos por cabeza. La energía eléctrica ofreció a cada ser humano miles de caballos de potencia. Más población y más longevidad, todo corre parejo con la energía. La civilización I, tipo Flash Gordon, recoge la energía de los volcanes, controla terremotos y construye ciudades en el océano. La civilización tipo II, dentro de miles de años, colectará toda la potencia del Sol. Y la III aprovechará la potencia de las galaxias y los agujeros negros. Kaku advierte de que el sectarismo, los fundamentalismos y las armas nucleares pueden arruinar la transición hacia el tipo I. No hay garantías de que sobrevivamos. Aun así, es optimista. Recuerda los orígenes militares de Internet “para luchar en una guerra nuclear”, “pero ahora sobre todo sirve para establecer relaciones, hablar con la gente”.
Usted predica la inminente revolución de la física cuántica. ¿Cómo influirá en la vida cotidiana, si la gente no entiende lo que es?
La aplicación más sencilla es el transistor, los láseres, la televisión digital, los rayos X, los microondas, el radar, los escáneres de resonancia magnética. Eso es el pasado; el futuro traerá la nanotecnología. Incluso la ley de Moore, que predice que la velocidad de los procesadores se doblará cada 18 meses, se volverá obsoleta.
Muéstreme algún ejemplo de una física imposible.
Bueno, es un poco embarazoso. Enseño óptica a mis estudiantes de ingeniería. Antes les decía que la invisibilidad era imposible, ya que violaba las leyes de la óptica. El índice de refracción es siempre mayor que uno. Punto. Fin de la historia. Bien, pues estábamos equivocados. Hay que reescribir los libros de texto. El índice puede ser menor que uno, incluso negativo. Ya lo hemos hecho en laboratorio. En la Universidad de Duke han fabricado un material invisible para la radiación de microondas. En Berkeley han hecho lo mismo, aunque a una escala más pequeña, con luz visible. No es la capa de la invisibilidad de Harry Potter aún, pero un objeto pequeño puede hacerse invisible bajo la luz visible.
Contar ‘lo imposible’
Michio Kaku ocupa la cátedra Henry Semat de Física de la Universidad de Nueva York.
Nacido en California hace 63 años, es un conocido divulgador y autor de ‘best-sellers’ como ‘Hiperespacio’ o ‘La física de lo imposible’.
Su fama le viene por disertar sobre el futuro, pero también habla de su pasado: “Mi abuelo sobrevivió al terremoto de San Francisco de 1906 y ayudó a limpiar los escombros. Los emigrantes que dejaban Japón eran fundamentalmente granjeros y campesinos. Japón alcanzó el límite malthusiano de crecimiento de población hace muchos siglos; es un conjunto de islas muy pequeñas sin apenas agricultura donde la mayoría del terreno es montañoso, así que ha tenido mucha emigración. Era un país muy pobre hasta que descubrió la ciencia y la tecnología, y fue entonces cuando despegó”.
Redes y mas: ¿La rutina nos acorta el tiempo?
Redes del tiempo
MARUJA TORRES 13/09/2009
Mi querido Eduard Punset se coló hace unos días en el saloncito de mi apartamento beirutí a través del canal internacional de TVE. Creo que se trataba de la reposición veraniega de uno de sus Redes ya emitidos, pero yo no lo había visto. Me senté pues, lista a disfrutar de lo que quedaba de emisión, y contenta porque tenía a un amigo en casa. Eso lo decimos ahora de muy poca gente que trabaja en televisión.
Estaban hablando, él y un científico invitado, de la particularidad del tiempo, de la percepción interior del tiempo, no ya como bloque -pues sabemos que el Tiempo no es estáticamente objetivo-, sino como experiencia personal. De sus acelerones y de sus lentitudes, según nuestro propio estado de ánimo, nuestra disposición.
Sus reflexiones me vinieron que ni pintadas, porque me pillaron en vena. Regresaba yo de una excursión por el montañoso interior de Líbano, durante la cual tuve oportunidad de meditar sobre la intensidad del espacio geográfico: este país mide apenas diez mil kilómetros cuadrados, pero eso no cuenta. Es decir, esa cuenta no vale. Montes y depresiones, valles y cañadas, pueblos dispersos y villas aferradas como dientes a la espalda de las cordilleras. Cada pieza del terreno, con su historia; con el peso de su sangre. Ese paisaje, que apenas ocupa líneas traducido a cifras, es un continente, un mundo, un abismo, un monstruo dormido, una princesa encantada. La princesa despierta, y es un dragón. El príncipe, que la viene a salvar, la bombardea. Los familiares afilan los cuchillos. Un mundo bicéfalo, los dos rostros de Juno multiplicados hasta el infinito en imaginarios espejos. Nada que ver, lo que leemos, con lo que hay debajo.
Lo mismo ocurre con el tiempo.
Decían Punset y su acompañante, cuyo nombre lamento no recordar, que la rutina nos hace medirlo de otra manera. Como ejemplo pusieron el interruptor y la luz. La persona que, por primera vez en su vida, le da al interruptor para que se encienda la luz, advierte que se produce un infinitésimo retraso entre ambas acciones. Al habituarnos, anticipamos la iluminación y la tomamos por simultánea. De aquí pasaron a deducir -si les entendí bien- que la vida transcurre más rápidamente cuando nos hacemos mayores porque todo lo que hacemos es repetido, porque la rutina nos acorta el tiempo.
Estando de acuerdo con la noción básica -tan simple como lo de que todo es relativo: menos en lo ético, pero ésta es otra historia- de que el tiempo se acorta con la edad, disiento simpáticamente de mi entrañable Punset. Únicamente puedo hablar de mí, pero estoy segura de que muchos de ustedes se mostrarán de acuerdo conmigo en que, cuanto repetitivo y más hecho a la usanza se desenvuelve nuestro vivir, más largos se nos hacen los días. Eso al margen, claro, de que a partir de cierta edad -los 50, los 60 sobre todo, los 70 ya ni os cuento-, el tiempo nos parece -y lo es- espantosamente breve, básicamente porque la mayor parte del que tenemos por detrás lo hemos utilizado aprendiendo a vivir, con el consiguiente desgaste personal y el desperdicio de no haber sabido que eso -escoñarnos en todos los sentidos y sacar enseñanzas de ello, luchar por un poco de felicidad, de realización o de supervivencia-, eso, precisamente, era todo.
Lo que acorta nuestros días más allá de la forma en que el tiempo se escurre en términos objetivos es saber que no tendremos ni salud ni tiempo para aplicar aquello que aprendimos. Y lo que lo convierte en fugaz, pero tedioso, a veces incluso insoportable, es la repetición de las rutinas. Al menos, a mí eso me ocurre.
Y cuando consigo dar un vuelco a mi vida, reinventarme, osar, arriesgarme, cuando mando a tomar viento la silla en que debería aguardar sentada y decido ir al encuentro de lo que sea que quede por venir, es entonces cuando siento el tiempo pleno. ¿Corto? Desde luego. Pero pleno. No algo que sólo se puede rumiar, algo que jugamos a matar.
Pero qué interesante fue el programa y cuántas preguntas suscitaba. Bienvenido, pues, en la nueva temporada, Eduard Punset y a sus puertas abiertas en las Redes. Verle desde Beirut, donde todo es volátil, nunca se convertirá en rutina. Es sólo una sana costumbre.
Inteligencia Emocional
Con un beso, manifestamos nuestros sentimientos y evocamos emociones.
La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. El término fue popularizado por Daniel Goleman, con su célebre libro: Emotional Intelligence, publicado en 1995. Goleman estima que la inteligencia emocional se puede organizar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación, y gestionar las relaciones.
El uso más lejano de un concepto similar al de inteligencia emocional se remonta a Charles Darwin, que indicó en sus trabajos la importancia de la expresión emocional para la supervivencia y la adaptación. Aunque las definiciones tradicionales de inteligencia hacen hincapié en los aspectos cognitivos, tales como la memoria y la capacidad de resolver problemas, varios influyentes investigadores en el ámbito del estudio de la inteligencia comienzan a reconocer la importancia de la ausencia de aspectos cognitivos.
Para comprender el gran poder de las emociones sobre la mente pensante —y la causa del frecuente conflicto existente entre los sentimientos y la razón— debemos considerar la forma en que ha evolucionado el cerebro.
La región más primitiva del cerebro es el tronco encefálico, que regula las funciones vitales básicas, como la respiración o el metabolismo, y lo compartimos con todas aquellas especies que disponen de sistema nervioso, aunque sea muy rudimentario. De este cerebro primitivo emergieron los centros emocionales que, millones de años más tarde, dieron lugar al cerebro pensante: el neocórtex. El hecho de que el cerebro emocional sea muy anterior al racional y que éste sea una derivación de aquél, revela con claridad las auténticas relaciones existentes entre el pensamiento y el sentimiento.
El neocórtex permite un aumento de la sutileza y la complejidad de la vida emocional, aunque no gobierna la totalidad de la vida emocional porque, en estos asuntos, delega su cometido en el sistema límbico. Esto es lo que confiere a los centros de la emoción un poder extraordinario para influir en el funcionamiento global del cerebro, incluyendo a los centros del pensamiento.
- La sede de las pasiones
La amígdala cerebral y el hipocampo fueron dos piezas clave del primitivo «cerebro olfativo» que, a lo largo del proceso evolutivo, terminó dando origen al córtex y posteriormente al neocórtex. La amígdala está especializada en las cuestiones emocionales y se la considera una estructura limbica muy ligada a los procesos del aprendizaje y la memoria. Constituye una especie de depósito de la memoria emocional. Es la encargada de activar la secreción de dosis masivas de noradrenalina, que estimula los sentidos y pone al cerebro en estado de alerta.
LeDoux descubrió que la primera zona cerebral por la que pasan las señales sensoriales procedentes de los ojos o de los oídos es el tálamo y, a partir de ahí y a través de una sola sinapsis, la amígdala. Otra vía procedente del tálamo lleva la señal hasta el neocórtex —el cerebro pensante—, permitiendo que la amígdala comience a responder antes de que el neocórtex haya ponderado la información. Según LeDoux: «anatómicamente hablando, el sistema emocional puede actuar independientemente del neocórtex. Existen ciertas reacciones y recuerdos emocionales que tienen lugar sin la menor participación cognitiva consciente».